viernes, 20 de mayo de 2016

La Escuela de Relaciones Humanas



ESCUELA DE RELACIONES HUMANAS


Origen de la teoría de las relaciones Humanas


La teoría de las relaciones humanas surgió de la necesidad de contrarrestar la fuerte tendencia a la deshumanización del trabajo, iniciada con la aplicación de métodos rigurosos, científicos y precisos, a los cuales los trabajadores debían someterse forzosamente.

Las cuatro principales causas del surgimiento de la teoría de las relaciones humanas son:

·         Necesidad de humanizar y democratizar la administración. Consistía en liberar los conceptos rígidos y mecanicistas de la teoría clásica, adecuándola a los nuevos patrones de la vida del pueblo estadounidense, a través de la democratización de los conceptos administrativos

·         Desarrollo de las ciencias humanísticas. Tomo en consideración la psicología y la sociología, así como su creciente influencia intelectual y sus primeros intentos de aplicarla a la organización industrial. Las ciencias humanas vinieron a demostrar de manera gradual, lo inadecuado de los principios de la teoría clásica.

·         Las ideas de la filosofía pragmática de John Dewey y de la psicología dinámica de Kurt Lewin, fueron esenciales para el humanismo en la administración. Elton Mayo es considerado el fundador de la escuela; Dewey, indirectamente y Lewin de manera más directa, contribuyeron bastante su concepción. 

·         Las conclusiones del experimento de Hawthorne realizados entre 1927 y 1932 bajo la coordinación de Elton Mayo, pusieron en jaque los principales postulados de la teoría clásica de la administración.

PRINCIPALES REPRESENTANTES DEL ENFOQUE HUMANÍSTICO.



  • ·         Elton Mayo
  • ·         John Dewey
  • ·         Kurt Lewin


TEORÍA DE LAS RELACIONES HUMANAS  

     La teoría de las relaciones humanas o denominada escuela humanística de la administración, desarrollada por Elton Mayo y sus colaboradores, surgió en los Estados Unidos como consecuencia inmediata de los resultados obtenidos en el experimento de Hawthorne, Fue básicamente un movimiento de reacción y de oposición a la teoría clásica de la administración.
 
    La teoría clásica pretendió desarrollar una nueva filosofía empresarial, una civilización industrial en que la tecnología y el método de trabajo constituyen las más importantes preocupaciones del administrador. En un país eminentemente democrático como los Estados Unidos, los trabajadores y los sindicatos vieron e interpretaron la administración científica como un medio sofisticado de explotación de los empleados a favor de los intereses patronales.
 
     En consecuencia, la teoría de las relaciones humanas surgió de la necesidad de contrarrestar la fuerte tendencia a la deshumanización del trabajo, iniciada con la aplicación de métodos rigurosos, científicos y precisos, a los cuales los trabajadores debían someterse forzosamente.
 

Aplicaciones

Entre las aplicaciones principales obtenidas a partir de la implementación de esta teoría podemos mencionar:
 
1.    *El nivel de producción es resultante de la integración social. La producción esta en función del grupo, entre mayor sea la integración del grupo, mayor es la eficiencia.
2.    *Los trabajadores no actúan solo por sus intereses individuales, también se adecuan al grupo.
3.    *Los trabajadores producían menos y ganaban menos por convicción propia antes de poner en peligro los intereses del grupo.
4.    *Las personas son motivadas, principalmente, por la necesidad de reconocimiento, de participación en las actividades de los grupos sociales en los cuales viven.
5.    *Los grupos de personas son las que constituyen básicamente la organización de la empresa y a veces se contraponen a la organización que establecen los niveles directivos o de mayor jerarquía dentro de la empresa.
6.    *Las personas actúan en grupos sociales, y si existe armonía o un buen ambiente dentro de la empresa, esto se puede reflejar en los niveles de producción
7.    *Si se repite siempre la misma actividad, esta se vuelve una monotonía, por que termina perjudicando a la empresa, es por eso que es necesaria una rotación de las actividades y creatividad para evitar la pasividad de los trabajadores.
8.    *Es necesario para el éxito en la organización tomar en cuenta las emociones de los trabajadores, ya que una persona con problemas no tendrá el mismo rendimiento que tiene cuando no tiene problemas.


Fordismo



FORDISMO


     El fordismo es un sistema socioeconómico basado en la producción industrial en serie, establecido antes de la Primera Guerra Mundial. El concepto recibe el nombre de Henry Ford, creador de la línea de ensamble. 

     El fordismo significó una verdadera revolución en lo que respecta a productividad y en el acceso a un mercado de masas gracias al recorte de costos logrado. Fue empleado prioritariamente en la industria automotriz durante el siglo XX, más específicamente desde los años cuarenta hasta los setenta. Además de estas mejoras en lo que respecta a la productividad y reducción de costos, el fordismo se caracterizó por una mejora salarial hacia los obreros, que se vieron beneficiados financieramente de un modo significativo; el hecho de emplear un número elevado de gente también puede verse como un aspecto favorable.

     La manera en que operaba esta forma de organización consistía en dividir el trabajo de un modo significativo, haciendo que la producción fuese lo más segmentada posible y con un operario haciéndose cargo de modo repetitivo de una tarea. Cada bien era entonces elaborado a partir de una serie de etapas, circunstancia que popularizó la cadena de montaje. Esta forma de organización permitía que sea posible crear bienes en gran cantidad y a bajo costo, haciendo viable que objetos antes destinados a un segmento de elite ahora fueran accesibles para el gran público. El fordismo en este sentido fue todo un éxito, logrando que existiese un mercado más amplio y una mayor productividad. No obstante, es importante señalar que no fue Ford quien ideo esta forma de trabajo; el fordismo era descendiente del taylorismo y la aplicación práctica vino de la mano de otros hombres a quien Henry Ford copio logrando mejores resultados.

     Hoy en día este sistema de producción fue dejado de lado en favor de otras variantes que parecen más promisorias. En efecto, el horizonte hoy lo conforma Japón con un sistema denominado toyotismo, en honor a la empresa Toyota. El mismo propugna una eliminación de costos asociados al almacenamiento de insumos, circunstancia que impacta en el precio final del bien en cuestión. Para ello se busca que la producción esté regida por la demanda, produciendo solo lo que se ha vendido.

     El fordismo dejó su huella en la historia no solo por organizar a la producción de un modo más eficiente, sino también por lograr mejoras significativas en la situación financiera de muchos trabajadores y por hacer accesible a sectores populares bienes antes considerados suntuarios. En este caso se imbricó perfectamente con un modelo de sociedad en desarrollo.

En resumen, podemos contar como elementos centrales del modelo fordista:

  • Aumento de la división del trabajo.
  • Profundización del control de los tiempos productivos del obrero (vinculación tiempo/ejecución).
  • Reducción de costos y aumento de la circulación de la mercancía (expansión interclasista de mercado) e interés en el aumento del poder adquisitivo de los asalariados (clases subalternas a la élite).
  • Políticas de acuerdo entre obreros organizados  (sindicato) y el capitalista.
  • Producción en serie.


Organización del Trabajo (Taylorismo)



Organización científica del trabajo (Taylorismo)


     Al taylorismo como método de trabajo, se lo denominó organización científica del trabajoo gestión científica del trabajo, entendida como forma de dirección que asigna al proceso laboral los principios básicos del método científico, indicando así el modo óptimo de llevar a cabo un trabajo y repartiendo las ganancias con lo trabajadores. Se basa en la división del trabajo en dirección y trabajadores, la subdivisión de las tareas en otras más simples y en la remuneración del trabajador según el rendimiento.
Tres son los principios fundamentales en que se apoya el Taylorismo como sistema de organización del trabajo:

a)    La separación entre el trabajo manual y el intelectual. Todo trabajo humano implica en distintas proporciones actividad mental y manual. El Taylorismo pretende divorciar una actividad de la otra, por considerar que ello favorece el rendimiento y la productividad. En el contexto de la fábrica, esto se realiza retirando del taller, es decir del control de los trabajadores, los procesos de planificación y organización del trabajo, que son ubicados en Departamentos específicos dirigidos por técnicos y profesionales.

b)    Organización del trabajo en torno a la idea fundamental de 'tarea'. El trabajo de cada operario ha de estar fijado de antemano en instrucciones precisas que describan en detalle el contenido de la tarea que ha de realizar, así como el modo de realizarla y los medios necesarios para ello. A nivel operativo, esto lleva a:


-- la fragmentación del trabajo en el máximo posible de tareas simples y fáciles de realizar en cortos espacios de tiempo.

-- la separación de las tareas indirectas (de preparación de materiales, de mantenimiento de las máquinas, etc.) de las directas, del trabajo de producción propiamente dicho.

-- la reducción de las cualificaciones exigidas para cualquier tarea y, consiguientemente, del tiempo de aprendizaje necesario para ello.

c)    Control directo y externo, tanto sobre los trabajadores como sobre los resultados de su trabajo. Frente a la autonomía de la que tradicionalmente ha gozado el artesano, se ejerce ahora una vigilancia y una supervisión estrictas en el desarrollo de su actividad. Y, en lo que a los resultados del trabajo se refiere, se organiza un control de calidad externo y a posteriori: son otros, y no el propio trabajador, quienes se encargan de revisar los productos, para ver si lo producido corresponde a lo previamente establecido.

     La puesta en aplicación de estos principios tayloristas ha supuesto a menudo toda una serie de consecuencias bastante negativas para los trabajadores: realización de tareas fragmentarias, simples y repetitivas; trabajo poco o nada cualificado; supervisión y control excesivos, basados en la falta de confianza; ausencia de toda autonomía y responsabilidad en el desempeño de su labor; desaprovechamiento de sus potencialidades de creación e iniciativa, etc. Es para tratar de superar algunas de estas consecuencias negativas que se plantea a partir de los años 60 y 70 la necesidad de reformas, como ya señalamos antes.

     De entre los cambios que se pretende introducir con estas reformas, cuatro pueden considerarse como más característicos de lo que se denominó entonces el movimiento en pro de la 'humanización de la vida laboral' o de 'mejora de la calidad de la vida laboral': la rotación de puestos, la ampliación de tareas, el enriquecimiento de tareas y los grupos de trabajo semiautónomos. Veamos lo que implica cada uno de estos cambios.

1.    Rotación de puestos.


     Como su propio nombre indica, la rotación de puestos supone que los trabajadores pasan de unas tareas a otras. En unos casos, se trata de tareas similares, aunque dentro de puestos de trabajo ubicadas en contextos, secciones o departamentos diferentes. El paso de un operario de un sector a otro dentro de una cadena de montaje o el intercambio de una mecanógrafa del departamento de administración al de ventas, son ejemplos de rotación de puestos de un lugar a otro, sin que por ello cambie el tipo de tareas y actividades que realizan. La rotación puede, sin embargo, implicar un cambio en la naturaleza misma de las tareas a realizar; lo que sin duda va a repercutir en la propia organización del proceso de trabajo.

     En principio, el objetivo más inmediato que ha solido perseguirse con la rotación de puestos es favorecer una cierta diversidad de tareas, actividades y entornos, para así poder salir de alguna manera de la rutina cotidiana. Las formas tayloristas de organización del trabajo tienden, por su propia lógica interna, a estandarizar las tareas, haciéndolas lo más simples posible. Ello facilita el que pueda realizarlas cualquier trabajador, por poca cualificación que tenga, sin apenas preparación previa. Tiene el inconveniente, sin embargo, de que son tareas repetitivas y poco interesantes. De ahí la posibilidad de que se instale la rutina y el aburrimiento, con los consiguientes riesgos de falta de interés por el trabajo, de poca atención prestada al mismo e incluso de absentismo laboral. Es precisamente para superar estos riesgos, muy reales en infinidad de contextos laborales organizados en base a criterios tayloristas, por lo que las empresas se plantean a veces recurrir a alguna fórmula de rotación de puestos.

2.    Ampliación de tareas.


     El objetivo de la ampliación de tareas es superar la excesiva fragmentación de actividades típica de la organización taylorista del trabajo. Para ello, se intenta agrupar en un mismo puesto de trabajo varias tareas hasta entonces disgregadas. Así, por ejemplo, en una cadena de montaje de aparatos eléctricos, el trabajador lleva a cabo ahora el montaje de cada pieza en su totalidad, realizando diferentes tareas como pueden ser las de cableado, ensamblaje, soldadura, etc.

     Se trata, pues, de agrupar tareas que se sitúan a un mismo nivel de complejidad y cualificación. En este sentido, se suele utilizar el término 'horizontal' para referirse a este tipo de reorganización del trabajo. En general, suelen ser tareas bastante sencillas y que no exigen demasiada competencia técnica o profesional por parte de quienes las ejecutan.

     Respecto de lo que puede ser la definición de puestos de trabajo en términos de tareas aisladas, simples y muy repetitivas, la ampliación de tareas supone una serie de ventajas: contribuye a reducir la monotonía y, sobre todo, confiere al puesto de trabajo una cierta unidad, dentro de la cual el trabajador puede organizar mejor el flujo y la cadencia de su actividad.

     Con todo, es evidente que se trata de una pura suma de tareas, cuya naturaleza sigue siendo la misma que antes. En principio, pues, si las tareas son simples, repetitivas y poco cualificadas, el hecho de que se las acumule en un mismo puesto de trabajo no tiene por qué dar como resultado un conjunto de nivel muy diferente.

3.    Enriquecimiento de tareas.


     Aquí la cosa es ya distinta. Se trata no sólo de yuxtaponer tareas, sino de 'integrarlas' en una unidad más amplia, que les confiere nuevas dimensiones. En este sentido, suele hablarse de integración 'vertical', ya que se integran tareas más simples y que apenas requieren cualificación con otras más exigentes y ligadas a niveles más altos de cualificación y de responsabilidad. Se trataría, pues, de modificar la propia naturaleza de la actividad laboral, superando así los rasgos más típicamente tayloristas de la organización del trabajo.

     En la práctica, el enriquecimiento de tareas suele implicar una definición más 'global' de los roles laborales. Así, dentro de un mismo rol, el trabajador puede realizar tareas de planificación y de preparación del trabajo, junto a la actividad de producción propiamente dicha. Igualmente, puede encargarse también del control de calidad, así como de las tareas básicas de mantenimiento de la maquinaria. Con esto se rompe la excesiva fragmentación y especialización de tareas propia del taylorismo y, lo que es más importante, se abre para el trabajador un ámbito de mayor autonomía y responsabilidad en el desarrollo de su trabajo. A su vez, esta mayor autonomía y responsabilidad pueden favorecer la participación de los trabajadores en la solución de los problemas de producción a través de sus propuestas y sugerencias.

4.    Grupos de trabajo semiautónomos.


     Tanto la ampliación como el enriquecimiento de tareas suelen realizarse a nivel puramente individual; pero también es posible hacerlo desde una enfoque colectivo. De hecho, es lo que se pretende a menudo con la configuración de equipos o grupos de trabajo semiautónomos. El término hace referencia a la capacidad de decisión y organización autónoma que se concede a estos grupos, aunque siempre en el marco de unos estándares de producción previamente fijados.

     Con el trabajo en grupo, puede potenciarse mucho más el enriquecimiento de tareas en la medida en que se configura un trabajador colectivo capaz de abordar una actividad laboral más amplia e integrada. La autonomía de funcionamiento permite distribuir mejor las tareas y responsabilidades, teniendo en cuenta las diferentes capacidades y preferencias de los miembros del grupo. Por su lado, las relaciones dentro del grupo favorecen una mayor comunicación de conocimientos y prácticas profesionales, lo que sin duda desarrolla las potencialidades de los trabajadores implicados. Los beneficios para la empresa pueden también ser importantes: desde una mayor flexibilidad en el uso de la fuerza de trabajo, una capacidad colectiva para analizar y resolver los problemas que se presentan en el desarrollo del proceso productivo, hasta los aspectos de control social que, en mayor o menor medida, tienen siempre lugar dentro del grupo.

     Una vez aclarado el significado y contenido de estas formas de organización del trabajo, podemos ya utilizarlas en el análisis de los cambios y transformaciones que están hoy teniendo lugar en el mundo del trabajo. Es lo que vamos a hacer a continuación, en relación, primero, con la producción industrial y con el trabajo de oficina y en los servicios, después.

Taylorismo y las nuevas formas de organización del trabajo


     Los planteamientos básicos de la organización taylorista del trabajo vienen siendo el referente que define el mundo de la producción y del trabajo, y respecto del cual se ubican los cambios y transformaciones que puedan estar teniendo lugar en él.

     Como es bien sabido, ya desde sus inicios a finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, las formas tayloristas de organizar y de controlar el trabajo asalariado encontraron resistencias por parte de los trabajadores. Pero es sobre todo a partir de los años 60 cuando estas resistencias se hacen sentir de manera particular en ciertos sectores de trabajadores de las sociedades más desarrolladas. Un mayor nivel de educación entre las generaciones jóvenes, la mejora del estandar de vida y un mercado laboral más favorable a los trabajadores, favorecieron el desarrollo de un cierto clima de insatisfacción con las condiciones laborales y la organización del trabajo propias del taylorismo. Insatisfacción que se manifestó directamente a través de luchas y conflictos y, lo que es más importante aún, de manera difusa en forma de absentismo creciente, aumento de la rotación laboral, falta de interés por el trabajo, etc.
 
     Es en este contexto en el que empieza a plantearse en determinados medios empresariales la necesidad de reformas en la organización del trabajo, con el objetivo de evitar al menos las consecuencias más negativas de las prácticas y modos de hacer típicamente tayloristas. Y así se montan en esos años experiencias que intentan desarrollar nuevas formas de organización del trabajo a partir de conceptos tales como rotación de puestos, ampliación y enronquecimiento de tareas, equipos de trabajo semiautónomos, etc.

     La valoración que hoy se hace de estos intentos de reorganización del trabajo en los años 60 y 70 refleja una imagen ambigua, mezcla de sentimientos opuestos: de inicio de algo nuevo y positivo, pero a la vez de desencanto por sus resultados. De manera general, los intentos de reforma de esos años no fueron más allá del estadio experimental y tuvieron lugar en un número reducido de empresas. Por otro lado, tal como se llevaron a cabo, tampoco puede decirse que supusieran cambios importantes en el modelo taylorista de organización del trabajo, al menos en sus aspectos más fundamentales (Lane, 1989). A pesar de lo cual, contribuyeron sin duda a poner sobre la mesa los problemas que planteaban las formas tradicionales de organización del trabajo y la necesidad de encontrar alternativas más adecuadas.

     Se abrió así un debate que no ha hecho sino ampliarse aún más a lo largo de los años 80 y que hoy está en plena vigencia, aunque los términos del mismo hayan podido cambiar. ciertamente los términos en que se plantean hoy estas cuestiones han cambiado, porque el origen y los motivos del planteamiento son también distintos. Los intentos de reforma de los años 60 y 70 se produjeron bajo la presión de los trabajadores y se encaminaban fundamentalmente hacia una cierta 'humanización' de las condiciones de trabajo que permitiera evitar las consecuencias más negativas de las prácticas tayloristas. Con la crisis económica de los 70 y los esfuerzos para salir de ella que las economías nacionales y las empresas realizan durante los 80, la situación cambia considerablemente (Piore y Sabel, 1984). Simplificando, podemos señalar dos como los factores principales que intervienen en este cambio: la transformación de los mercados y el desarrollo de nuevas tecnología basadas en la microelectrónica.

     En relación con los mercados, se producen importantes cambios, tanto a nivel internacional como nacional. Y esto va a hacer que las empresas se replanteen su estrategia de producción. Una producción masiva sobre la base de productos estandarizados, que utiliza maquinaria diseñada para objetivos limitados y una fuerza de trabajo poco cualificada, supone grandes mercados, estables y homogéneos.

      Ahora bien, con la crisis, los mercados se hacen más competitivos e inestables, a la vez que más heterogéneos. Junto a la competitividad en base a precios, las empresas tienen que plantearse también cada vez más el competir en base a calidad y a diseño de los productos. Y, en la misma línea, han de ajustarse de manera más rigurosa a las exigencias de los distintos tipos de clientes, respondiendo así a esa mayor heterogeneidad existente en los mercados. Todo lo cual exige nuevas estrategias de producción y de organización del trabajo; estrategias que han de ser mucho más flexibles y apoyarse más en la cualificación y la profesionalidad de los trabajadores que las seguidas hasta entonces.

     Por su parte, las nuevas tecnologías van a favorecer este replanteamiento de estrategia productiva. La tecnología microelectrónica es más flexible que la tradicional. Se la puede utilizar, ciertamente, en el marco de la producción en masa: proporciona productos estandarizados a bajo precio para poder competir en el mercado; y permite hacerlo además a partir de lotes de tamaño bastante más pequeño que en el pasado.
Pero también se puede utilizar la tecnología microelectrónica para liberar al proceso productivo de la principal limitación que ha tenido en el pasado la producción en masa: la alta rigidez de su equipamiento tecnológico. La facilidad de la tecnología microelectrónica para ser reprogramada permite obtener una gran variedad de productos y de modelos, de mayor calidad y con mayor capacidad para responder a las exigencias específicas de los diferentes sectores de la clientela.